Mamá, no seas fría

El otro día vinieron a casa una pareja de amigos que tienen una niña.

Los niños se quedaron con los papás haciendo el gamberro en el jardín, y nosotras, las mamás, nos quedamos en la cocina tomando un té y charlando de nuestras cosas.

Con los niños más mayores, es decir, ya no bebés, estuvimos analizando los primeros meses como mamás... y como ha cambiado todo. Que si al principio vamos estresadas, las hormonas y el desconocimiento nos desbordan y que por suerte, todo pasa, incluso el odio hacia la suegra que pasa a ser una hada madrina. Es que tengo la mejor suegra del mundo mundial. Y al principio yo parecía cegata.

Pero lo que más destacamos es como nos ayudan más ellos a nosotras que nosotras a ellos. Los niños nos enseñan a disfrutar, a tener paz, a saber escuchar, a saber SENTIR y VIVIR en mayúsculas.

Mi amiga me comentó que unos días antes, una noche, su hija tenía pesadillas y le pidió dormir con ella. Ella asintió, por obligación, cansada.... Y cuando se tumbaron las dos, Laura le dijo al oído de su mamá: No seas fría.

Mi amiga se quedó echa polvo y me confesó que esas palabras le han cambiado. Porque era cierto, era fría. En ese momento la abrazó fuertemente, sientiéndola, queriendo realmente apaciguar la pena nocturna de su hija. De verdad.

Se dió cuenta que su cansancio, su estrés diario, su manera de responder a los deseos de su hija, transmitían frialdad a su hija.

Una vez alguien sabio me dijo.... dedica, al menos, 5 minutos a cada hijo al 100%, tú y él.

E intento hacerlo, 5 minutos que no pienso ni en las lavadoras, ni en el trabajo, ni en nada....Sólo en ellos, en como han pasado el día, en sus miedos, para conocerlos, jugando, coloreando, paseando por la calle, lo que sea.... para que ellos disfruten de su mamá a solas, y yo de ellos.

 

 

 

 

 

 


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